EL CIELO O EL INFIERNO
Por Francis Frangipane
(English)
Desde que el masivo terremoto de 7.0 de intensidad golpeó a Haití el 12 de Enero, nuevas imágenes de apocalíptica destrucción han encendido en mi intensa oración por Haití. Se que no estoy solo. Estoy convencido que, en todo el mundo, multitudes han sido impulsadas a orar por Haití de manera similar. Considere: Su capital, Port-au-Prince, experimentó mas de 225.000 muertes. Este abrumador desastre natural es el peor que históricamente haya golpeado a las Américas
Debemos mantener el enfoque sobre Haití en nuestras oraciones. Si fracasamos en responder de la manera apropiada, ciertamente el infierno mismo se tragara esa nación. Por el contrario, cuando una gran necesidad, como la que existe ahora en Haití, es respondida por gran oración, grandes cosas eventualmente ocurrirán. Así, yo creo que existe el potencial para significativos irrumpimientos en el futuro de Haití, incluso la esperanza de un despertar espiritual.
Sí, todos hemos escuchado acerca del vudú y de las maldiciones sobre Haití – y yo ofreceré algunos pensamientos al respecto en mi próximo correo – pero permítame asegurarle que en Haití hay una iglesia de la cual el Señor se agrada. De hecho, incluso mientras contemplamos la gran devastación, y mientras vimos Haitianos desconsoladamente afligidos sentados con sus muertos y moribundos, hubo algo mas de lo que ser testigo en este desastre. En contraposición al severo trauma nacional, las cámaras de noticias se volvieron hacia otro grupo de Haitianos. Estas eran personas de fe, Haitianos cristianos. Sus manos y rostros levantados, entonando himnos de alabanza a Dios. En desafío absoluto a sus circunstancias, vimos a hombres, mujeres y niños alabando al Altísimo.
Me sentí tan orgulloso de mis hermanos y hermanas en Cristo Haitianos; y al mismo tiempo, fui profundamente humillado por la profundidad de su carácter. Aquellos que fueron, quizá, considerados “últimos” a los ojos del hombre, Dios ha estimado y levantado como primeros. El ha expuesto su fe como en vitrina. Su extraordinaria confianza en Él se ha convertido en un testigo incesante de la gracia de Dios al mundo, tanto a los salvos como a los inconversos. No recuerdo haber visto nada más poderoso en años recientes.
Asique honremos y demos gracias a Dios por los cristianos Haitianos y por su obediencia a Cristo. Agradezcamos también por el pequeño ejército de emergencia quienes sin temor y con compasión se han comprometido a la redención de Haití.
Finalmente, a todos, en nuestro mundo que prontamente cambia de prioridades, no permitamos que nuestros corazones se olviden del pueblo de Haití tan rápidamente. Esta es una hora urgente. Debemos pararnos en la brecha hasta que la victoria se levante de las cenizas de esta devastación. Por favor continúe donando, pero dé en la fe que Dios traerá un gran despertar a estas personas. Manténgase orando, pero ore con visión de que líderes piadosos se levantaran, y que la integridad y la sabiduría presidirá la reedificación de Haití. Sí, oremos que sea hecha la voluntad de Dios en la tierra, en Haití, como lo es en el Cielo, porque o el Cielo o el infierno se manifestara en las calles de Haití.
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