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La Búsqueda Divina:
Etapas en la Búsqueda de Dios

Por  Francis Frangipane
(English)

La búsqueda divina comienza con la humillación del yo. Hasta que abrazamos la humildad, nuestra mente natural se despliega a si misma como dios sentado en el templo de nuestra vida de pensamiento. Somos gobernados por la tiranía de los deseos carnales, temores y ambiciones humanas. Para progresar en Dios debemos alejarnos del yo.

Así, cuando la verdadera mansedumbre emerge en nuestros corazones, viene a silenciar el clamor de nuestras mentes carnales. El volumen de nuestra propia justicia enmudece; la voz de nuestros temores e insuficiencias se vuelve un susurro. Para humillar nuestras perspectivas terrenales y opiniones, debemos relegarlas a una prioridad  menor;  mientras  mas y mas nuestro enfoque se sintoniza hacia Dios, se tornan en un simple sonido de fondo. Ningún fingimiento prevalece; venimos a humillarnos. Nos inclinamos sobre nuestros rostros delante de la imperturbable y santa mirada de Dios. Y en Su luz finalmente percibimos la oscuridad de nuestra alma.

Así, la humildad, en sus raíces, comienza con honestidad. El  corazón humillado  se familiariza verdadera y profundamente con sus necesidades y, en el comienzo, la consciencia de la necesidad de uno se vuelve en la voz de la oración.  Esta confesión, “He pecado,” nos pone del lado de Dios al respecto. Acordamos con nuestro Padre que nuestro comportamiento es equivocado – somos egoístas, lujuriosos y sin cariño. Así, el proceso de sanidad comienza durante este momento de auto-descubrimiento. Estamos trabajando juntos con Dios para derrotar el pecado en nuestras vidas, y en este proceso de humillarnos a nosotros mismos el Señor concede paz, cobertura, y gracia transformadora.

Y todavía, con humildad no solamente reconocemos nuestra necesidad, tomamos completa responsabilidad por ella. No nos defendemos delante de Dios por nuestra caída condición. Hemos venido, no a justificarnos sino a limpiarnos. Aunque podamos haber sufrido injusticia, abandonamos la auto-justificación o acusación hacia otros. Somos consumidos con la condición de solo un alma, la nuestra; y nuestra búsqueda es por misericordia, no venganza.

No obstante, en algún momento, nuestra humildad hacia Dios, si es genuina, se regenerara y florecerá nuevamente en nuestras relaciones con otros. Seremos capaces de reírnos de nosotros; no nos ofenderemos más al ser desafiados o acusados. Si hemos sido amargados por la vida, ahora  perdonamos. Y, si hemos pecado contra otros, humildemente pedimos su perdón. Debemos lidiar con nuestro ofendido corazón. Puede que el  Señor no nos requiera confiar en todo el mundo, pero El nos llama a perdonar (Mateo 18: 21-35).

En un mundo donde el Corazón del hombre es “Engañoso… más que todas las cosas, y perverso " (Jer. 17:9 RVR60), a los ojos del Cielo, reconocer con lagrimas nuestra necesidad es un irrumpimiento.

Gente de Oración
El camino hacia la sanidad de la sociedad, sea una comunidad, una iglesia, o una familia, comienza con humillarnos nosotros delante de Dios y los unos delante de los otros. El Señor, quien habita “en la altura y la santidad,” también habita “con el quebrantado y humilde de espíritu.” Es al quebrantado y humilde que el Señor promete vivificar  (Isa. 57:15).

Más todavía, la humildad no es nuestra meta final.  Debemos aprender asimismo a ser gente de oración. La oración es la voz de nuestra dependencia. La gente fuerte, independiente, no ora; la gente dependiente y  con su obstinación quebrantada reza y mira a Dios. La oración no es un rayo laser; es un prisma que alberga variaciones de colores y expresiones. Sea nuestro ruego en  suplica o en silencio, sin contar si es con lagrimas o en gozo, en su médula, la oración no es simplemente decirle a Dios acerca de nuestras necesidades; es transferir esas necesidades a Dios.

 Debe también reconocerse que, especialmente al comienzo, a menudo la oración es una expresión de temor- temor concerniente a las amenazas y condiciones de la vida, y  temor que nuestro  pecado o circunstancias nos abrumen o abrumen a  un ser querido.  Aun así, no oramos porque tememos, oramos porque tenemos de Dios una promesa. El ha dicho que “escuchara desde los cielos…y sanará.” Así, a esta altura, el temor debe ser desplazado por la fe; nuestra oración debe ser una expresión de nuestra creciente confianza en Dios. El mundo permanecerá siendo un lugar aterrador, pero la oración impulsada por la fe puede transformar nuestro mundo.

La Meta de Dios 
Si nos humillamos y oramos, tendremos creciente acceso a Dios. Y aún, mientras podamos experimentar grados de irrumpimientos, nuestra esperanza  en realidad es ver a Dios sanar nuestra tierra. Es alentador ver que, hoy en día, el movimiento de oración se ha convertido en una fuerza en la tierra. No obstante, si somos honestos, la profundidad de sanidad que hemos buscado no ha ocurrido. Hemos ayunado y orado, pero los mayores irrumpimientos no han venido. ¿Por qué? Quizá hemos buscado más la mano de Dios que Su rostro.

En primer lugar, esta bien buscar la mano de Dios. Ciertamente la escritura pregunta, “¿Sobre quien se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isa. 53:1). Jesús echó  fuera demonios por “el dedo de Dios” (Lucas 11:20). Buscar el brazo o la mano o el dedo del Altísimo ciertamente es de gran valor.  Pero el Señor no dijo, “Buscad Mi mano.” Antes bien, El nos llama a buscar Su rostro. Debemos elevar nuestras oraciones mas allá de las necesidades de nuestro mundo, y permitir que nuestra oración mas elevada sea buscar a Dios por Si mismo.

El dice, "Si mi pueblo. . .buscare Mi rostro.” Hasta ahora, nuestra peregrinación ha sido  venir a Dios con nuestras necesidades. Ahora, se trata de Él. En este cambio de enfoque, amado, esta el poder para cambiar naciones. Cuando nos volvemos en verdaderos buscadores de Dios- individuos cuyo deleite está perpetuamente en el Señor- aseguraremos la completa ayuda del Cielo. Y aun más, ascenderemos a conocer la consumada recompensa del Cielo: ver el rostro de Dios (Apoc. 22:3-4).

 Como líder en el movimiento de oración, pido que se una a mi en hacer de la búsqueda del rostro de Dios mi objetivo mas elevado. Sea que vivamos en tiempos de crisis o en tiempos de paz, mi corazón le dice al Señor, "Tu rostro buscare, Oh Jehová" (Salmo 27). Si, oramos, tenemos causas piadosas, nos sentimos ultrajados debido al pecado; humillándonos ,ayunando y llorando repetidas veces. Aun así, hasta que estemos obsesionados con el amor por Dios, quedaremos siempre lejos del mayor cumplimiento.  Es tiempo de elevarse más alto.

En una paralela promesa dada por Dios a Jeremías, el Señor habló al pueblo en el exilio. Les aseguró que Su plan para ellos era para su bien y no para calamidad (Jer 29:11). Y nuevamente llevó el enfoque de ellos a buscarle a Él. El dice, Me invocaréis, y vendréis a rogarme, y yo os escucharé. "Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón (Jer. 29:12-13).

En el siguiente versículo, el Señor reafirma Su promesa, “Y seré hallado por vosotros” (v. 14).

El Espíritu de Dios anhela no solo que le busquemos sino que en realidad ¡lo encontremos! El humillar  nuestra alma y el aprender a orar-  no son simples disciplinas espirituales o cosas mecánicas que hacemos por el bien del avivamiento.  Son preparaciones del corazón. La invitación de parte del Señor a buscar Su rostro no debe ser tomada livianamente; ¡ciertamente es asombrosa!

Dios anhela intimidad con nosotros. Buscar Su rostro es contemplar la expresión divina y escuchar el tono de Su voz.  Desde este ventajoso lugar de Su presencia, podemos verdaderamente volvernos del mal. Porque conocer Su amor es conocer el porqué hemos sido creados.

Buscador de Dios, no dudes el resultado de tu búsqueda. Él con alegría asegura, “Y seré hallado por vosotros.”

Oh Dios, mis entrañas se duelen por Ti, conocerte y caminar en Tus formas. Tú eres mi abundante gran recompensa, la perla de gran valor. Te amo, Maestro. Y Te buscare hasta que verdaderamente Te encuentre.

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El precedente mensaje fue adaptado del nuevo libro del Pastor Frangipane “And I will be found by you”. Este libro esta ahora disponible – momentáneamente solo en idioma ingles. Es la pasión del Pastor Francis ver a la iglesia acercarse más a Dios. Los mensajes han sido escritos para instar  el corazón del lector a ir más cerca del Señor. Iglesias, individuos y matrimonios actualmente utilizan este recurso, junto con su Biblia como un compañero en su búsqueda de Dios.

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