La Tierra Bajo Nuestros Pies
Por Francis Frangipane
(English)
Como orador en conferencias de oración en ciudades y regiones, se me pide muy a menudo que desenmascare el "poder espiritual" que se opone al cuerpo de Cristo en la región donde se lleva a cabo la conferencia. Los líderes de la ciudad, y los intercesores incluso me han preguntado si yo conozco el "nombre" del espíritu principal que está resistiendo la Iglesia en esa área.
Pregunté: ¿Desean saber el nombre del espíritu más poderoso que se opone a la mayoría de los Cristianos?" Rostros impacientes respondieron afirmativamente.
"Es Yahveh (Jehová)."
Los que me preguntan, quienes de pronto parecerán como un árbol lleno de lechuzas (búhos), son siempre desconcertados por mi respuesta. Ellos están seguros que yo malinterpreté su pregunta. Entonces, yo explico. Les recuerdo que, de acuerdo a las Escrituras, "Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes." (Santiago 4:6). Así, si nosotros estamos divididos en nuestros corazones con otras iglesias, si instintivamente menospreciamos a otros cristianos, o si nosotros mismos nos promovemos con nuestras actitudes, estamos caminando en orgullo. Como tales, el Espíritu que se levanta a resistir nuestros intentos no es demoníaco; es Dios.
El Señor no excusará nuestro orgullo simplemente porque le cantamos tres himnos los domingos, y nos consideramos "salvos". Dios resistió el orgullo de Lucifer en el cielo y El resistirá nuestro orgullo aquí en la tierra. Lo que más lástima da es, que el orgullo religioso ha sido tan homogeneizado dentro de nuestra experiencia Cristiana, que ni tan siquiera lo percibimos como algo mal. Sin embargo, es sin ninguna duda la ofensa más arruinadora sobre el pueblo de Dios.
El Señor no desea que los perdidos que se añaden a las iglesias asimilen el veneno del orgullo en la misma mesa de la salvación.
Aquel Que Busca y Juzga
Jesús dijo de El mismo, "Yo no busco Mi Gloria." Sin embargo, ¡cuántas acciones nuestras son desplegadas haciendo lo exactamente opuesto a la naturaleza de Cristo! Nuestra elección de vestidos y automóviles, casas y el rol en la vida, frecuentemente tienen la exaltación propia como fundamento. Jesús continuó, "hay quien la busca y la juzga" (Juan 8:50) Escuche cuidadosamente Sus palabras, porque cada vez que buscamos exaltarnos, tropezamos cara a cara con Dios. Una dimensión del corazón del Padre es que El "busca (gloria) y juzga" a aquellos quienes a través del orgullo se exaltan a sí mismos. Efectivamente, mis amigos, consideren con temor justo nuestra tradición americana de promocionarnos a nosotros mismos. Aunque es sumamente estimado entre los hombres, verdaderamente es "detestable en los ojos de Dios". (Lucas 16:15)
El Antiguo Testamento está repleto de ejemplos que documentan la oposición del Altísimo al orgullo del hombre. No eran los enemigos de Israel que frustraban la prosperidad nacional una y otra vez, era Dios. De generación en generación, el Señor permitió a los adversarios de Israel que humillaran a Su pueblo para traerlos hacia la desesperación, a la humildad y finalmente al arrepentimiento. Allí en quebrantamiento y honestidad, Dios podía bregar con sus pecados y finalmente llevarlos a un avivamiento nacional.
Escuche cómo el Señor suplico por Israel: "¡Oh, Si me hubiera oído mi pueblo!
¡Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos Y vuelto mi mano contra sus adversarios". (Salmo 81:13, 14)
Así es con nosotros. Nosotros necesitamos el poder de Dios para desatarnos de nuestros propios enemigos. Porque, verdaderamente, terribles poderes de las tinieblas han invadido nuestra tierra, y nuestro adversario acecha nuestras calles buscando a quién puede devorar. Sin embargo, nuestra esperanza no esta meramente en confrontar al enemigo, mas permitiendo a Dios que nos confronte. Nuestra victoria sobre el enemigo está directamente ligada a nuestra entrega total a Dios.
Si sinceramente aprendemos de El, también seremos "manso y humilde de corazón" (Mateo 11:29 Reina Valera 1960). Y Dios, quien da gracia al humilde, puede rescatarnos de los enemigos espirituales de nuestra nación.
Sana Nuestra Tierra
La promesa del Señor es conocida. El dice, "si se humillare mi pueblo, sobre el cual Mi Nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra (2 Crónicas 7:14). Usted dice, Pero, yo me humillo y oro. Sí, pero nuestra humildad hacia Dios no es completa hasta que aprendamos a humillarnos unos con los otros.
La realidad es que, debido a nuestro orgullo, todavía tenemos que aceptar lo que el Señor quiere decir con Sus palabras "Si mi pueblo". Todavía interpretamos esta frase "Mi pueblo" como "nuestro pueblo" - nuestro limitado círculo de amistades, familiares y cristianos cuya cultura o estilo de alabanza es, más o menos, como la nuestra.
Sin embargo, cuando el Señor piensa en Su pueblo, El ve un grupo más extenso. El incluye en una ciudad a todos los que han sido nacidos de nuevo. Todos nosotros quienes "somos llamados por (Su) Nombre", a pesar de que tenemos diversos dones y tareas, debemos encontrar unidad de espíritu ante El. Y esto comienza con una estrategia extraordinaria; necesitamos humillarnos nosotros mismos.
Yo sé que esto va en contra de nuestras relaciones históricas en la iglesia. No solamente Satanás nos ha dividido de otros, sino que nos ha hecho orgullosos de estar separados. Nosotros creemos que estar separados es una virtud. Pero considere: En el Nuevo Testamento solamente un grupo de personas consistentemente encontraban que el Señor los confrontaba y los resistía: los "Fariseos". Literalmente traducida, la palabra "Fariseo" quiere decir "los separados". De todos los grupos religiosos del primer siglo, es el orgullo de los Fariseos a lo que la iglesia, hoy, se parece.
Nosotros oramos "Señor, sana nuestra tierra". Pero la tierra que El desea sanar primero es aquella que existe debajo de los pies de los humildes. Es el mundo de los mansos que oran, quienes encuentran el poder transformador de Dios como su compañero.
El remedio del Señor para nuestra sociedad se esconde dentro de las relaciones cotidianas de los cristianos. Siempre somos muy prontos en pensar en el mal que otros nos han hecho, pero nosotros ¿dónde le hemos fallado a otros? ¿Qué podemos hacer para sanar la tierra que existe entre nosotros y aquellos a quienes hemos herido?
Vea, según nos vamos transformando en los que "se humillan y oran" acerca de lo que hemos hecho mal, la sanidad de Dios comienza a correr. Cuando cristianos blancos se humillan a sí mismos y piden perdón a los africanos y a los Indios Americanos, Dios comienza a sanar la tierra debajo de sus pies.
Si Dios resiste al orgulloso, recuerde también, que El da gracia al humilde. Gracia es más que estar cubierto, es estar limpio y cambiado por el poder de Dios. Gracia es el poder transformador de Dios haciendo en nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos.
Cuando oramos, "sana nuestra tierra", es la tierra debajo de los pies del humilde que Dios promete tocar y restaurar a bendición.
Oremos:
Querido Padre, Tú dices que la sanidad de nuestra tierra comienza con nuestra humillación. Maestro, revela a mi corazón aquellos de quienes he estado separado/enemistado. Concédeme el valor de perdonar y la honestidad de ver dónde he contribuido a esta pelea. Deseo ser un embajador de reconciliación. Por lo tanto, condúceme a traer sanidad a las relaciones en este mundo, y así traer sanidad a la tierra en la que vivo. En el Nombre de Jesús, Amen.
Este mensaje ha sido extraido de nuestro programa de la Escuela Centro de Formacion a Imagen de Cristo.
~ ~ ~ ~ ~ ~
Por favor siéntase en libertad de reenviar este mensaje a otros. Agradecemos el reconocimiento de nuestro sitio en la red.
ICIT En Español - Escuela en Línea
Acuerdo de Reimpresión
Se permite la duplicación y re transmisión de estos escritos con la condición de que la fuente completa y la información del sitio en internet del Ministerio Francis Frangipane sean incluidas; a menos que articulo sea un extracto de un libro de otro editor. De ser así, por favor póngase en contacto con el citado editor para obtener el permiso de reimpresión. De igual manera las publicaciones que son puestas a la venta necesitan permiso escrito. Finalmente, de ninguna manera el material puede ser tomado fuera de contexto para calumnia o para difamar este ministerio.
www.frangipane.org